La Oruga Azul.

La Oruga Azul.
La oruga se puso azul turquesa, porque presa de la luz de la poesía, reposa en las cuartillas de la mesa Impregnada de tinta y fantasía… (Antonio Peláez Torres),

sábado, 14 de septiembre de 2013

ABSOLEM (Revista Electrónica) Núm. 4, 15 de Septiembre de 2013: "Música"


Revista ABSOLEM, editada en Guadix (GRANADA) por la Asociación para la Promoción de la Cultura y el Arte "La Oruga Azul", 
laorugazul2013@gmail.com
ISSN 2340-8634
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SUMARIO

Ilustración de la portada de NURIA HERNÁNDEZ (Granada)

ENLACES:

Reseñas y enlaces de MIGUEL BUSTAMANTE (Oruro - Bolivia).
Blog "Flamenco y más" de PEPE AGUDO "El agüita" (Granada).
Joven Orquesta zarabande de ANA SOLA MONTERO (Huetor Vega).
Pablo Giménez a la guitarra  de JUAN MIGUEL GIMÉNEZ MIRANDA (Guadix)


POEMAS:

Clave de sol (caligrama) de DORA HERÁNDEZ MONTALBÁN.
Un canto al alma de LUCÍA NIETO.
Al son de SUSANA NÁSERA (Málaga).
Desde los árboles, Tu sombra y Música para el olvido de CARMEN MEMBRILLA OLEA (Guadix).
Tú, eres música de ANTONIA PILAR VILLAESCUSA RIUS (Barcelona).
La música y su magia de ESNEYDER ÁLVAREZ (Medellín-Colombia).
La Música (poema videomusical)de CARMEN HERNÁNDEZ MONTALBÁN (Guadix)selección de imágenes por PEDRO PASTOR SÁNCHEZ (Albacete).
La Música de ALICIA MARÍA EXPÓSITO (Guadix)

COMPOSICIONES VIDEOMUSICALES:

Composiciones de RARFAEL MARRUECOS HERNÁNDEZ (Guadix).
Tuya es mi sonrisa de PABLO GIMÉNEZ (Granada).


CUENTOS:


Murmullo organizado que invadió mi casa y desde entonces hechizada de PEDRO CASAMAYOR RIVAS.
Relato lacónico de JOSE ARAGÓN (Melilla).
Es la música la que habla de F. JAVIER FRANCO.


PINTURA E ILUSTRACIONES:

La música amansa a las fieras de PAUL REY (Albi-Francia).
Instrumental Blues de MARÍA FERNÁNDEZ MONTALBAN "YEDRALINA"

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ENLACES


Reseñas y enlaces de MIGUEL BUSTAMANTE (Oruro - Bolivia)



Miguel Bustamante, músico español nacido en Oruro (Bolivia) en 1948, fue asesor
musical de Radio Clásica de Radio Nacional de España desde 1974 hasta 2007 y como
tal participó en infinidad de grabaciones y transmisiones musicales. Fue productor
musical de más de medio centenar de discos compactos del sello RTVE Música, entre los cuales se encuentran los ocho volúmenes de la serie Grandes Pianistas Españoles
aparecidos entre 2003 y 2007. Comenzó sus estudios musicales en su ciudad natal con
su abuela, la pianista mexicana María Parrondo. Fue discípulo de Manuel Carra en el
Real Conservatorio Superior de Música de Madrid y amplió estudios con maestros
como Paul Badura Skoda, Eduardo del Pueyo, Rosa Sabater y Federico Mompou, entre
otros. Responsable en 1986-87 del Servicio de Educación Musical de la Comunidad de
Madrid, participó en la gestación de los Conservatorios de la Comunidad de Madrid y,
simultáneamente, creó y dirigió los Ciclos de Cursos sobre Enseñanza Profesional de la
Música.
Como compositor, sus obras se han interpretado en España, Alemania, Portugal, Italia,
Gran Bretaña, Estados Unidos de América, México y Cuba.

OBRAS
Diabolus in música, para piano (1997)
Sismo I, para piano (1976. Revisión: 1997)
Trío de cuerda nº 1, para violín, viola y violonchelo (1999)
Quasi una cadenza, original para violín solo, con versiones posteriores para viola y para
violonchelo solos (2002)
Cuarteto para flauta, violín, viola y violonchelo, ‘Scarlattiano’ (2007)
Ferraz 2008, para violín y piano (2008)
Perseveranza, para orquesta de cuerda. (1999-2008)
Interludio, para piano (2010)

OBRAS EN YOUTUBE
http://www.youtube.com/watch?v=HV0zJFNmM0k
'Diabolus in musica'
Miguel Bustamante, piano
Partitura editada por EMEC. Editorial de Música Española Contemporánea.
http://www.seemsa.com/es/contacto.html
http://tinyurl.com/bslgf9z
http://www.youtube.com/watch?v=ucQiAMe2lUs
‘Sismo I’
Miguel Bustamante, piano
http://www.youtube.com/watch?v=qwyTAWvxLKg
'Ferraz 2008'. Estreno en Madrid.
Anna Baget, violín
Aníbal Bañados, piano
XX Aniversario Conservatorio Adolfo Salazar
Auditorio Nacional, Madrid
http://www.youtube.com/watch?v=oMOTfhf0r50&feature=related
'Ferraz 2008'. Estreno en México.
Mariana Hernández, violín
Víctor Manuel Morales, pìano
Foro Internacional de Música Nueva Manuel Enríquez 2012
Auditorio Blas Galindo del Centro Nacional de la Artes. México D. F.

Blog "Flamenco y más" de PEPE AGUDO "El agüita" (Granada)

AGUA FLAMENCA



Joven Orquesta zarabande de ANA SOLA MONTERO (Huetor Vega)

Joven Orffquesta Zarabande, dirigido por Ana Sola Montero: un grupo de 25 niños y niñas con edades comprendidas entre los 8 y los 16 años. Han actuado en el Auditorio Manuel de Falla, en la Facultad de Ciencias de la Educación, en La Casa Museo de los Pisa, en numerosos colegios de Primaria de Granada y provincia; también nos grabó en el aula Canal Sur para su programa "El club de las ideas".



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POEMAS 


Clave de sol (caligrama) de DORA HERNÁNDEZ MONTALBÁN



Clave de Sol

El sol se oculta sobre el río sonoro,
canta el ruiseñor su melodía,
arpegios de cristal sobre agua fría
o la anémona azul, la flor del día.
Tic, tic, tac. tic, tic, tac.
Tic, tic, tac. tic, tic, tac.
Tic, tic, tac. tic, tic, tac.
Tic, tic, tac. tic, tic, tac.
Lluvia de cristal.


Un canto al alma de LUCÍA NIETO



Entre, guitarras, mandolinas,
y clarinetes...te vi llegar...
Y sonabas en mi oído,
viajando al lugar más lejano
donde cada nota musical,
embriagaba con calor
mi ilusionado corazón...
Ay! Sino fuera por aquella
flauta travesera, con la que
caminé por las nubes.
Entre música de violines
me enamoré de ti, por primera vez.
Como ese primer beso que iluminó, de estrellas el firmamento.
Como esas horas de pasar el tiempo presenciando un reloj de arena.
Música que llena de vida las horas muertas... De emociones, sentimientos, alegría, nostalgia, melancolía, o recuerdos...
Música es poesía... Un canto al alma.


Al son de SUSANA NÁSERA



Me danzas,
bailas,
me debes,
tienes.
Siente la música en tu piel.
Despertando sentidos,
reflejando sueños que se amordazan en la intimidad.
Se invocan nuestras caderas
al son de la musicalidad
reflejando el rumbo que viene y va.


Desde los árboles, Tu sombra y Música para el olvido de CARMEN MEMBRILLA OLEA (Guadix)


Desde los árboles



La ciudad espera
El otoño cruzará las montañas
y acabará instalándose en este septiembre abstracto...
lento...
cercano...
Las tardes desaparecen para siempre.

Amenaza la lluvia

Pero tu sonrisa es,
existe,
continúa,
permanece…
y atraviesa enérgica todas las líneas de los pentagramas.

Entretanto, los violines descansan

y aquellas partituras que fueron tristes
comienzan a caer desde los árboles.

Tu Sombra



Esta luz tan esencial
renueva los vértices de mi memoria...
tan densa
tan desesperada
y acerca tu imagen nuevamente hasta mi rostro...
tan dócil
y habitado solo por mis gestos.

Siento restos de emoción

algún sentimiento líquido
dolor
y...

cuando las  notas musicales.

se mezclan con tu sombra,

siento... una paz extraña.

  

Música para el olvido




Ya nada ensombrecerá mis párpados
ni volverá a inclinarse jamás
sobre los lados húmedos del abismo.

Ya no habrá más lágrimas
ni huracanes blancos
ni vaho en los cristales.

A partir de ahora
el tiempo seguirá cayendo inclinado
sobre mis hojas de papel...

...y en ellas seguiré escribiendo
silencios y música para el olvido.



Tú, eres música de ANTONIA PILAR VILLAESCUSA RIUS




Pura sinfonía me ciñe en ese instante. 

Quiero amarte al compás de esa suave melodía.
La puse para ti. 

Solo para ti. Sellaré tus labios con ese beso deseado 

que la música facilita la ocasión. 

Son bellas notas de una triste canción.
Acordes de lamentos y desamor. 

Yo te amaré amor. 

Al margen de ese gran desamor
que suena en ese viejo tocadiscos, 

y mientras suenen esas notas 

entenderás mi pasión absoluta... 

mi devoción por llenarme de ti. 

Ese bello rincón 

de tenue luz y sombras abrazadas 

ese lugar buscado y esa perfecta melodía. 

Cuando el sonido acabe 

volveré de nuevo a sus notas
tres minutos, son poca cosa para amarte,
y esa canción es un poema 

con voz excitante... 

Ritmo suave de caderas
entrelazos de cuerpos ávidos 

abrazos de dos enamorados... 

¿Existe algo más bello? 

Una melodía encadenada
que me une a ti 

como la yedra mojada.... 

No quiero que acabe
quiero seguir bailando a tu lado
pegada a ese abrazo interminable...
Ruego que el reloj se pare
que la vida se eternice... Es un instante frenético de efusión, 

el que yo siento en ese instante… 

Incluso morir en tus brazos sería
un acto de amor 

que me transporta esa música incitante
con sus bellas palabras rotas de pasión.


Autora: Antonia Pilar Villaescusa Rius. (Barcelona).





La música y su magia de ESNEYDER ÁLVAREZ (Medellín-Colombia)



El silencio me perturba,
la soledad me agobia,
la tristeza me abruma,
de repente una dulce melodía nacida de una guitarra enciende mis sentidos,
el resonar de una batería hace mover mi pie con armonía,
el admirable sonido del piano eriza mi piel,
 la alegre letra de dicha composición llena de satisfacción y emoción mi corazón

el silencio se va,
la soledad se espuma,
la tristeza se disuelve,
la música en su magia mi vida envuelve.




La Música (poema videomusical)de CARMEN HERNÁNDEZ MONTALBÁN (Guadix), selección de imágenes por PEDRO PASTOR SÁNCHEZ (Albacete).




La Música de ALICIA MARÍA EXPÓSITO (Guadix)




Solamente tú llenas
todo el espacio gris
de mi silencio
y acabas ocupando
esta soledad quieta
secretamente mía.
Tu mirada de acacia
se desliza en las cosas
y en las cosas me escondo
para sentir tus notas.
Soliviantas el aire.
Estremeces el agua.
Embrionarios deseos,
sin forma todavía,
turban tu periferia.
Crecen en tu camino
enorme lejanías.
 El ocaso terrible
de un beso inexistente
será nuestro secreto,
cuerpo de brisa,
sortilegio de piel
desconocida.
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COMPOSICIONES MUSICOVISUALES

Composiciones de RARFAEL MARRUECOS HERNÁNDEZ





Tuya es mi sonrisa de PABLO GIMÉNEZ






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CUENTOS

Murmullo organizado que invadió mi casa y desde entonces hechizada de PEDRO CASAMAYOR RIVAS.


                                                                                                       A María Blázquez


Do-mingo y las 12 en la Catedral; la cara bien lavada, zapatos blancos y sotana roja, el espectáculo semanal comienza entre las cuerdas vocales de un coro de niños uniformados; algunos con pecas saltarinas, rectos flequillos, otros abrigados por la pelusa negra de bigotes mancebos y luego los mayores, en posesión del lujo de lo cotidiano. Allí mi música tenía 6 años, pensaba sólo en jugar y no en la estricta disciplina de ensayos, conciertos, misas y más ensayos. Lo bueno del método, el acompañamiento de mi música por talantes de influyentes feligreses: desde la dulzura de Mozart a la fuerza de Händel, de la espiritualidad de Victoria a la profundidad de Bach, de la Santa Cecilia de Gounod a la Creación de Haydn. Partituras escritas a mano, (no había Wifi) y sin embargo la comunicación se desbordaba en nuestro mundo siempre a capella.  
Re-pertorio de canciones en ramilletes que cada día devoran más tu intimidad sólo en manos de las diosas de la naturaleza y del ruido de las calles. Y es que la música vive en el rayo de la tormenta que acalla el cortejo del ruiseñor, en las manos de los hombres en los melonares, en la sacudida de un paseo de chicharras, en la noche de la montaña que ya ha comido al sol, en el vuelo de los pájaros dueños de térmicas y campanarios, en la danza acostumbrada del pecho de tu amor dormido junto a ti. Mi música vive ahora en la cima de la montaña, en la perfección de la amistad, ya es mayor de edad.
 Mi-radas en pentagramas, directas al centro de tu corazón para exaltar las maravillas de un mundo raro. De un mundo, mi mundo, acompañado cada minuto por ritmos que me llevan a la posible amistad entre la paz y la guerra, al beso callado de ortodoxos tirabuzones y pañuelos palestinos, a tambores africanos en trance y violines en góndola, al blanco del derviche en busca del equilibrio y el negro de curas locos de amor. Mi música me ha jurado fidelidad eterna, goza de la madurez segura de mi lealtad.
Fa-do, blues, jazz, gregoriano, reggae, flamenco, pop, rock, punk, góspel, celta, heavy. Músicas antiguas, música para bodas, músicas eléctricas, música de muecines, músicas relajantes, músicas del Mundo. Cada una de un color, con un aroma, con un sabor, con lágrimas, con sangre, con agua bendita, que brotan de un tambor, de un piano, de una guitarra, de una flauta, que llaman a la oración, al orgasmo, al silencio, a la mañana, al encuentro de todas las culturas.     
Sol-fear para salvar los obstáculos de un tiempo sin valores pero sí lleno de percusión de palabras, colgadas en la partitura de un beso. Musicar tu vida, unas veces en clave de sol para perderte en su laberinto de espiral, otras sentado viendo el amanecer a los pies de una inflada corchea y su medio tiempo y otras acariciando pianissimo tu sentimiento de pertenencia a una tierra dentro de un cuerpo también de tierra.   
La-tidos en la rima de sus notas, que te ayudan a saltar los atascos que la vida te va destapando. Desde la tristeza te acompaña prudente y tierna, llorando tu misma pena. Si buscas el retiro libre del mundo te da refugio sin preguntas, ni monedas. Cuando la felicidad   te toca, ella se desborda en tu interior y ya no paras de sonreír, te vacía de extrañas sombras. Hasta dicen que la uva engorda, que el almendro florece, que la mazorca da más granos si a su lado la música canta.
Si-lencio agradecido y vital entre compás y compás, momento en que los dedos en el piano flotan antes de tentar cada tecla, respiración profunda antes de comenzar la tonada, lapso entre la última nota de un concierto y el primer aplauso, instante de vacío total al amanecer, los pájaros todavía duermen, es la hora en que el éter vence a la materia.

Eso es la Música.



Relato lacónico de JOSE ARAGÓN.





Antes, muchísimo antes de que vosotros (los humanos) hubieseis siquiera intentado ponerme un nombre, yo ya existía. No me mal interpretéis, y perdonad mi falta de modestia; pero es así. Existí, existo, y existiré siempre…, y para siempre. Existiré cuando no haya nada sobre la Tierra y cuando el tiempo y el espacio no sean nada.  Pues fui el primero en aparecer y seré el último en hacerlo. Estaré ahí cuando ya no haya nada. Nadie.
Soy lo que soy desde el principio. Hay quien pensaba que nací en la garganta de un pájaro. Otros, los más indecisos y poetas, dijeron que lo hice a partir de un copo de nieve al caer al suelo. Paparruchas. Yo nací, estoy seguro, escondido en el giro alambicado de los astros. Soy parte del río que acaricia traicioneramente la roca, desgastándola. Y era parte de la roca y de las herramientas con las que me tallaban los hombres antes de nombrarme, aunque, eso sí, sabiendo ya de mi existencia. Pertenezco a las gotas de lluvia justo en el momento de ser lluvia, y pertenezco a las alas de los pájaros, y de los reactores. He vivido fuera y dentro de los árboles; y vosotros, los humanos, me habéis hecho surgir dándome mil formas casi siempre curvas. Y os habéis ayudado extrayendo, y alargando, y trenzando las entrañas de los animales para pulsarme, o hacerme vibrar, o hacerme brotar desde vuestros pensamientos.  Perdonad de nuevo mi inmodestia, pero es por mí, gracias a mí, que habéis hecho de tripas corazón.
Soy una parte de la parte, soy todo y no soy nada. Habéis procurado darme sentido y escribirme. Cuando me reconocéis, comprendéis que no existo. Quisierais saber de mi existencia; pero vuestros oídos de humanos no me aprecian en forma de ondas. Sin ellas yo no podría existir, y sin mí, ellas tampoco.
A veces me despreciáis. Pocas veces sembráis sobre mí las alabanzas y proezas.  Lo más, alguna vez, alguien me ruega.
 Poco tengo que decir, esa es mi condición. Pues mi nombre es silencio.


Es la música la que habla de F. JAVIER FRANCO

A Antonio H. Molero




Tras el cristal del escaparate, aquella Fender Stratocaster blanca semejaba la escultura de una deidad resguardada en una vitrina. Llevaba meses desviando cualquier ruta, cuando iba hacia el centro, para pasar ante ella y dejarme llevar hasta el éxtasis en su contemplación, sentía como si mis dedos se escurriesen entre sus cuerdas, formando notas, acordes, arpegios que mágicos ascendían hasta el infinito para formar un dúo en el Parnaso con el mismísimo Jimi Hendrix. Pero como cada día, un día más, los sueños sueños son y regresaba a casa con las manos en los bolsillos, evitando el molesto frío de febrero y, sobre todo, los sabañones que impidieran poder manejar las cuerdas de mi guitarra made in Korea que imitaba a mi diosa, aunque con un sonido chirrión y a veces espeluznante, pero ni mis padres podían, ni tampoco era su intención, comprarme la maravilla blanca, ni los leves emolumentos que obtenía de las pequeñas chapuzas que realizaba o los bolos de mala muerte con mi grupo, fuera de las horas de instituto, alcanzaban para su rescate. Porque sí, era un rescate lo que planeaba, porque poco a poco fue convirtiéndose para mí en una diosa encantada y encarcelada en aquella hermosa celda de cristal, ¡tan hermosa cuando las luces se proyectaban hacia ella al atardecer!
Cada vez mis paradas contemplativas se fueron estirando, haciéndose más y más largas, y en ellas escuchaba cada vez con mayor nitidez el sonido que expedían sus cuerdas articuladas por mis dedos, que, sin saber cómo, eran capaces de traspasar la barrera de vidrio del escaparate. Nuevas melodías, nuevas canciones, nuevos solos iban surgiendo de la nada y quedaban grabados en un REC en mi cerebro, convertido en una mesa de mezclas de todos aquellos mágicos sonidos. Luego, mis dedos, al volver al refugio de los bolsillos del 501, estaban cansados y sudorosos, mostraban el rastro inequívoco del esfuerzo y el cansancio; y cuando salían del envoltorio para palpar a Eva, la blanca y dulcísima Eva, lo que volvían a recorrer eran las curvas de la blanca diosa, sentía que el cuerpo de Eva era su cuerpo y me abstraía con su música, hasta que Eva se dio cuenta de que no era con ella con quien yacía, fue consciente, y con toda la razón, de mi infidelidad, de haberse convertido en un sucedáneo, comprendió que de quien estaba realmente enamorado era de ella, de aquella hembra de cuerpo blanco y curvas perfectas, de cuello largo y esbelto, de pose de diosa y de voz muda pero repleta de musicalidad. Se fue, me dejó, pero no me dejó sólo, me dejó con ella, con ella para siempre, mi verdadero y único amor, tan a mano y tan inalcanzable tras su palacio de cristal, iluminada al oscurecer con los fogonazos de un sueño imposible pero palpable a la vez.
Ya no eran paradas, eran horas y horas ante su venusta figura, me hablaba, nos hablábamos con maravillosos sonidos, con ritmos que nadie más podría comprender, estábamos hechos el uno para el otro sin duda. Y así pasaron semanas, meses, estaciones… hasta que un atardecer de primavera desapareció. ¡Me la habían robado! De seguro que la habían secuestrado sin su consentimiento, porque ella me quería a mí, tan sólo a mí, a nadie más. Sólo entre ella y yo se producía ese único –nuestro– lenguaje y era del todo imposible que me hubiese abandonado. Yo sabía que no podría sobrevivir sin mí, como yo tampoco lo podría sin ella.
Pasaban las noches y mi lecho permanecía despierto guardando su hueco. Ya ni estudiaba ni hablaba con nadie, mis padres estaban preocupados, me mandaron a un psiquiatra del seguro, que no comprendía nada y lo único que sabía hacer era rellenar recetas para trocarlas por pildorillas que sólo sabían aturdirme, adormecerme, intentar que dejara de pensar en lo que había perdido como si jamás hubiese existido, pero yo sabía que ella seguía en el mundo, que sufría por mí como yo por ella… ¡Dios sabe qué penalidades pasaría en otras manos! ¡Cómo sufriría sintiendo el tacto impúdico de otros dedos! ¡Verse violada una y otra vez por alguien a quien no amaba!
Una mañana arrojé el alijo de barbitúricos por el váter y pulsé el botón de la cisterna. Debía seguir adelante sin dejarme embaucar por gurús de despacho, había de convertirme en paladín y lanzarme presuroso al rescate triunfal de mi dama, no podía haber otra alternativa. Aparecí a primera hora por la tienda de instrumentos musicales, al traspasar el umbral sonó la campanilla, eran las campanas que albriciaban el inicio de la liberación. Apareció tras el pulido mostrador un señor regordete y calvo, con gafitas de metal, y con la cortesía del traidor me soltó un «buenos días, ¿qué desea?». Él sabía lo que deseaba, lo sabía, pero esgrimía su cinismo para despistarme, era cómplice sin duda del secuestro definitivo, él, que la había mantenido hechizada tras la urna mágica de cristal, que no pudo impedir nuestra relación. Le agarré de las solapas y lo mandé al otro lado del mostrador, le abofeteé y con los ojos henchidos en furia le increpé violentamente: «¡cabrón!, ¡dime donde está!, ¿adónde la habéis llevado?». Él me miraba aterrorizado y estupefacto, pero yo sabía que me engañaba, ¡bien que lo sabía!, y a pesar de que repetía una y otra vez qué a quién me refería, nunca consiguió que cayese en la trampa. Yo le espetaba una y otra vez: «ella, ella, ella…» Y él se mantenía firme en su aparente incomprensión.
Lo hice. No tuve más remedio que hacerlo. Lo torturé. Le até con las cuerdas de un bajo y lo introduje en la trastienda, tomé los platillos de una batería y comencé a producirle heridas con ellos, al principio más leves, luego más profundas, pero seguía sin darme pistas, no me  dejó más alternativa que atravesarle el pulmón, oí los chasquidos de las costillas, con una flauta travesera. La sangre manaba a borbollones e inundaba todo, recorriendo desde mis manos a mis codos… y no había conseguido nada. La desesperación atornilló cada una de las células de mi cuerpo y, justo cuando comenzaba a escuchar un sonido como de sirena, no sé, acercándose, fue cuando mis ojos se desviaron a la esquina más oscura de la trastienda. Allí había una funda impoluta de guitarra, herméticamente cerrada y arrinconada, me dirigí hasta ella, la abrí… y un fulgor de luz cegó mis ojos… Sí, era ella, ella escondida, encerrada en un sarcófago, no cabía la menor duda de que los celos hicieron que la encerrasen allí, en ese terrible castigo, alejada de mi vista, de mis manos, de mi espíritu… pero ya era mía, volvía a ser mía. La abrecé, la besé, la amé. Ella me correspondía. Ya éramos uno solo, cuando un esbirro del mal irrumpió, sí, los poderes ocultos son terribles e inagotables. Irrumpió con un arma en la mano. Yo tan sólo le grité: «¡no!, ¡a ella no!, ¡dispárame a mí, cabrón!». Y lo hizo.
Ahora no sé dónde estoy, pero estoy para siempre con ella, y Jimi y yo por fin hemos formado un dúo. No hay nadie ni nada capaz de superar la magia de nuestro sonido. No articulamos ningún lenguaje, este testimonio es una excepción, únicamente nos comunicamos con notas, es la música la que habla y nosotros la escuchamos… la escuchamos, nos escuchamos, y somos felices.

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PINTURA E ILUSTRACIONES

La música amansa a las fieras de PAUL REY (Albi-Francia)






Instrumental Blues de MARÍA FERNÁNDEZ MONTALBAN "YEDRALINA"