La Oruga Azul.

La Oruga Azul.
La oruga se puso azul turquesa, porque presa de la luz de la poesía, reposa en las cuartillas de la mesa Impregnada de tinta y fantasía… (Antonio Peláez Torres),

viernes, 14 de marzo de 2014

El Gólem como trasunto de la pulsión creadora del hombre a partir de la materia inanimada y que siempre acaba en desastre, por PURA FERNÁNDEZ SEGURA.


La leyenda del Gólem se considera precursora de uno de los mitos más  fascinantes de la ciencia ficción: La creación por parte del ser humano  de robot, androides, seres mutados o replicantes que pueda dominar y que se asemejen a él.  En un deseo ancestral y atávico que  empuja al hombre  a emular y sentirse parejo  a su Creador.
 El origen de la historia del Gólem se remonta al siglo XVI. Cuentan que en gueto judío de Praga  vivía Judá León, un eminente rabino (Marahal), conocedor de la Cábala, astrólogo y alquimista. Este rabino logró crear, un hombre artificial de arcilla. Su intención era utilizarlo como  criado, para tocar las campanas en la sinagoga y  realizar las tareas más penosas del quehacer diario. Este humúnculo cobraba vida sólo cuando el rabino colocaba detrás de los dientes una chapa metálica con  la inscripción mágica “emeth” que contenía la verdad del nombre oculto o no revelado del Hacedor. Del invento no salió un auténtico humano, sino una mole de barro, sin capacidad fonadora, tosca y poco inclinada al trabajo. La animación del aprendiz de hombre  duraba hasta que su creador borraba la e de la palabra mágica  y quedaba “met” que significa muerto. Judá León  abstraído por sus estudios cabalísticos e  inmerso en la preparación del Sabbat, olvidó un viernes por la tarde quitar la chapa con el secreto del Innombrable y que sólo él conocía. El Gólem, entonces cayó en una suerte  de estado de ofuscación y desvarío. Destruyendo todo lo que encontraba a su paso por las angostas calles del gueto judío y provocando el pavor entre quienes se tropezaban con él. Avisado el rabino de lo que acontecía, salió en su busca y se enfrentó a él hasta conseguir arrebatar de su boca la dichosa inscripción con la Clave. El Gólem, ya sin vida cayó al suelo desmoronado y del “coloso de arcilla” no quedó  más que una figura enana de barro. Según Sholem el  Gólem fue encerrado en una habitación sin acceso y sale cada 33 años como un fantasma infernal  al que todo el mundo teme.
 Esta leyenda fantástica  ha sido recurrente y continua fuente de inspiración para la literatura y el cine  y en especial el género de la ciencia ficción.
 J.L Borges desde muy joven estuvo interesado por los estudios cabalísticos. Pronto se interesó por las leyendas y supersticciones de la cultura  hebrea y en especial por el Golem. Él mismo aprendió el alemán  leyendo la novela de Gustav Meyrink “Der Golem”, había visto  la película  dirigida por Paul Wegener [Der Golem, wie er in die Welt Kam (1920) y conocía a fondo el libro La cábala y su simbolismo del erudito judío G. Schoem. El profundo conocimiento del tema le sirvió sin duda de inspiración para escribir su poema “ El Gólem.
Borges en su biografía confiesa, con la modestia propia de los genios, “que  según su  amigo A. Bioy Casares, el mejor  de los muchos, de los demasiados poemas que había perpetrado había  sido  sin duda El Gólem. Borges  así también lo creía, porque aunaba   lo patético con lo humorístico.  Asimismo, afirmaba   J.L.Borgues,  que El Gólem es al rabino lo que  el hombre es a Dios y lo que el poema es al poeta.
En mi humilde opinión es uno de los más hermosos poemas que he leído . Espero que lo disfruten :

                             
                    


El Gólem, de  JORGE LUIS BORGES

Si (como afirma el griego en el Crátilo)
el nombre es arquetipo de la cosa
en las letras de 'rosa' está la rosa
y todo el Nilo en la palabra 'Nilo'.

Y, hecho de consonantes y vocales,
habrá un terrible Nombre, que la esencia
cifre de Dios y que la Omnipotencia
guarde en letras y sílabas cabales.

Adán y las estrellas lo supieron
en el Jardín. La herrumbre del pecado
(dicen los cabalistas) lo ha borrado
y las generaciones lo perdieron.

Los artificios y el candor del hombre
no tienen fin. Sabemos que hubo un día
en que el pueblo de Dios buscaba el Nombre
en las vigilias de la judería.

No a la manera de otras que una vaga
sombra insinúan en la vaga historia,
aún está verde y viva la memoria
de Judá León, que era rabino en Praga.

Sediento de saber lo que Dios sabe,
Judá León se dio a permutaciones
de letras y a complejas variaciones
y al fin pronunció el Nombre que es la Clave,

la Puerta, el Eco, el Huésped y el Palacio,
sobre un muñeco que con torpes manos
labró, para enseñarle los arcanos
de las Letras, del Tiempo y del Espacio.

El simulacro alzó los soñolientos
párpados y vio formas y colores
que no entendió, perdidos en rumores
y ensayó temerosos movimientos.

Gradualmente se vio (como nosotros)
aprisionado en esta red sonora
de Antes, Después, Ayer, Mientras, Ahora,
Derecha, Izquierda, Yo, Tú, Aquellos, Otros.

(El cabalista que ofició de numen
a la vasta criatura apodó Golem;
estas verdades las refiere Scholem
en un docto lugar de su volumen.)

El rabí le explicaba el universo
"esto es mi pie; esto el tuyo, esto la soga."
y logró, al cabo de años, que el perverso
barriera bien o mal la sinagoga.

Tal vez hubo un error en la grafía
o en la articulación del Sacro Nombre;
a pesar de tan alta hechicería,
no aprendió a hablar el aprendiz de hombre.

Sus ojos, menos de hombre que de perro
y harto menos de perro que de cosa,
seguían al rabí por la dudosa
penumbra de las piezas del encierro.

Algo anormal y tosco hubo en el Golem,
ya que a su paso el gato del rabino
se escondía. (Ese gato no está en Scholem
pero, a través del tiempo, lo adivino.)

Elevando a su Dios manos filiales,
las devociones de su Dios copiaba
o, estúpido y sonriente, se ahuecaba
en cóncavas zalemas orientales.

El rabí lo miraba con ternura
y con algún horror. '¿Cómo' (se dijo)
'pude engendrar este penoso hijo
y la inacción dejé, que es la cordura?'

'¿Por qué di en agregar a la infinita
serie un símbolo más? ¿Por qué a la vana
madeja que en lo eterno se devana,
di otra causa, otro efecto y otra cuita?'

En la hora de angustia y de luz vaga,
en su Golem los ojos detenía.
¿Quién nos dirá las cosas que sentía
Dios, al mirar a su rabino en Praga?

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