La Oruga Azul.

La Oruga Azul.
La oruga se puso azul turquesa, porque presa de la luz de la poesía, reposa en las cuartillas de la mesa Impregnada de tinta y fantasía… (Antonio Peláez Torres),

viernes, 14 de marzo de 2014

Socialmente nocivo, por CARMEN HERNÁNDEZ MONTALBÁN




      En mi amputado cerebro, fragmentado en miles de secciones, aun queda un mínimo flujo de memoria; una pesadilla inalienable que quisiera borrar de mi consciencia. Soy un ser desprogramado que ya no sirve para nada. Vivo en esta cárcel de cristal con atmósfera químicamente  respirable, tan trasparente que ni dueño soy de mis pensamientos.
Ellos, los que me observan permanentemente, me catalogaron como “Socialmente nocivo”. Me vigilan y sé que no pasarán muchos días hasta que vuelvan a someterme a una nueva programación, pero ¿y mientras tanto?. Me desgarra la impotencia, me torturan las interrogantes ¿De dónde vengo?. El desasosiego me consume, pues sé, que algunos siglos atrás debí ser como ellos. Lo sé, no puedo explicar por qué, aunque quieran convencerme de que esta hipótesis no se sostiene. Dicen que soy un androide construido con células madre de otros androides, que nací de un laboratorio. Me llaman T4750-OBRERO, configurado en el proyecto Microtecnia C275, apto para la fabricación de piezas de estructura microscópica, diseñado para trabajar dieciocho horas diarias sin descanso, deshabilitado para albergar cualquier atisbo de capacidad sensitiva, incompetente para tomar ninguna decisión por voluntad propia, ni discrepar jamás de la información con la que he sido creado.
Obediencia, método, disciplina y docilidad fueron las principales coordenadas. A pesar de todo terminó por aflorar mi rebeldía, por tanto es lógico deducir que en mi mapa genético debió proyectarse algún elemento incómodo para los que me han apartado de lo que llaman “vida productiva” y destinado a esta planta de reciclaje, sometido a un control permanente.

Todo porque cuestioné el nivel de desigualdad con respecto a los superiores, los beneficiarios de todo este sistema que nos confina a una esclavitud permanente. Cuando pronuncié esa palabra “esclavitud”, que no sé si existe en el banco terminológico con el que he sido dotado, saltaron todas las alarmas. No sé si existe, no, es cierto, pero creo saber con claridad qué concepto alberga, pues hace colapsar todos mis circuitos, esos que me convierten en un ser potencialmente peligroso.

2 comentarios:

  1. Carmen, muy bueno, a pesar de la ciencia ficción como género, no deja de resultar paradójico con el hecho de que en su mayoría los seres humanos estemos sometidos a ese enrarecido "proyecto" que nos aboca a la esclavitud.

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  2. Gracias Inmaculada, precisamente ese es el mensaje que he querido hacer llegar. Tenemos muchos ejemplos en la literatura de ciencia ficción en los que el autor se adelanta a lo que después ha sido una realidad. Celebro que te guste. Un abrazo y gracias por tus valiosas colaboraciones.

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