La Oruga Azul.

La Oruga Azul.
La oruga se puso azul turquesa, porque presa de la luz de la poesía, reposa en las cuartillas de la mesa Impregnada de tinta y fantasía… (Antonio Peláez Torres),

miércoles, 14 de octubre de 2015

ABSOLEM (Revista electrónica), Núm. 28, 15 de octubre de 2015 "El camino de Santiago "




Revista ABSOLEM, editada en Guadix (GRANADA) por la Asociación para la Promoción de la Cultura y el Arte "La Oruga Azul", 
laorugazul2013@gmail.com
ISSN 2340-8634



SUMARIO



PORTADA, por JOSE ANTONIO POYATOS.


VIDEOS:






RELATO:





POESÍA:
















En el camino del norte (2013), por LUIS LÓPEZ-QUIÑONES RUIZ.



Resurrección sintió mi cuerpo
cuando tras aquella montaña encontró el mar,
grandioso y sin aristas
desplegando sus brazos de espuma.
Renacimiento sintió mi mente
en el polvo del camino y los tonos verdes,
empedrado es mi vía crucis,
alfombrado de arena y asfalto.
Resurgir de las cenizas,
desde el silencio tan necesario,
al bullicioso albergue y al descanso
de la amable sopa y el agua fresca.
Reiniciar el alma que sufre,
enterrar dolor en las cunetas,
despeñar los odios, que muerden
por los desfiladeros de la existencia.
Peregrinar, sin más motivo que encontrar
el niño perdido en la bruma del tiempo,
el norte en el próximo cruce
y hacer con Dios las paces.
Reinventarse desde cero,
soñar de nuevo que es posible
y bajo el manto de las estrellas
escuchar lo de fuera y lo de dentro.
Al fin,el Monte do Gozo,
Santiago, ya amanece,
abrazar la vida y aferrarse
y esperar que ella también te abrace.


Abalar (La barca de piedra), por GABRIEL MERINO.




Abalar (La barca de piedra)
El mar, con ser inmenso, alimenta al océano
y, en su cornisa de roca, el faro
alumbra volvoretas ciegas que giran en su torno.
Un fragor de olas de granito
choca contra el fin del mundo
allá donde ya no se aventuran
profetas, iluminados o conquistadores.

El camino se hunde en los abismos
de los desheredados y los pescadores
ya en ese borde del mapa donde empieza
el universo de leviatanes ignotos.
Mirando al poniente, flotando en la espuma brava
mantiene el equilibrio una barca de piedra.
Abalar (A barca de pedra)
O mar, con ser meirande, alimenta o océano
e, na súa beira de pedra, o faro
alumea volvoretas cegas que xiran o redor.
Un fragor de ondas de granito
bate contra o fin do mundo
alá onde xa non se aventuran
profetas, elexidos ou conqueridores.
O camiño fúndese nos abismos
dos deherdados e os pescadores
 xa nise borde do mapa onde comenza
o universo de demos descoñecidos.
Ollando pra o solpor, flotando na escuma brava,
mantén o equlibrio una barca de pedra.
(Traducción de Sergio Rodríguez)

Camino de Santiago, por F. JAVIER FRANCO.




A Andrea, en afectuoso recuerdo

«Chove en Santiago 
na noite escura. 
Herbas de prata e de sono 
cobren a valeira lúa.»

Federico García Lorca.

I.  EL JUEGO DE LA OCA

De concha a concha camina la vida
siguiendo los casilleros de la oca,
a nada conduce esculpirse en roca
sin saber quién nos dicta la partida.

Camino de esperanza o quizá de huida,
da igual la senda que atravesar toca,
las ilusiones que así el tiempo evoca,
él mismo lleva a jugada perdida.

Cae el dado al azar en el tablero
con la añoranza que creímos suerte,
peregrinos transitando el sendero.

Aún es temprano y nada nos lo advierte,
nos ciega el victorioso casillero,
y aguarda la casilla de la muerte.


II.  LA VÍA LÁCTEA

Sentado en una esquina el peregrino
lloró zaherido por lo que no tuvo,
su silencio le descubrió lo que hubo:
caminar por caminar no es camino.

Alzó ojos a la nada el peregrino
y entonces su llanto por fin contuvo,
y de las estrellas quietas obtuvo
un camino, un sendero y un destino.

En ansia por asir lo que se escapa,
sólo lágrimas tomaron sus manos,
aún ignoraba, etapa tras etapa,

en cuánto sus sollozos eran vanos,
y al fin esa noche se dijo: ¡escapa!,
por un camino de estrellas y arcanos.



III.  LA TUMBA DEL DRUIDA

Posé mano y cabeza sobre el santo,
la piedra fría no me dio respuesta,
ante la gastada figura enhiesta
no vació mi alma su íntimo quebranto.

Mis doloridas huellas entretanto
no habían saciado la fe repuesta,
humillado mi infortunio, no presta
la razón razones a sed de encanto. 

Viajé iniciado en la niebla a trasmano,
en niebla brusca no cupo salida,
y lo mundano siempre fue mundano.

Soy ficha en el cielo de la partida,
rueda el dado: ¿Santiago, Prisciliano?...
Leyenda de fe en la tumba del druida.



IV.  FINIS TERRAE

De mar a mar hay solamente mar,
una huella blanca el silencio se espuma, 
ciega la niebla en vuelo de una pluma,
caída suave, desgarra el mirar.

Ahí abajo está el mar, basta esperar,
pero esta cortina espesa me abruma,
leo en silencio gotas a vuelapluma
que suenan mar, o mi sangre escanciar.

Acaba aquí el mundo, aquí acabo,
olas de silencio solas transitan,
tan solas como yo, al fin y al cabo.

Olas que por mucho que se repitan
no son iguales, y sin menoscabo
el fin del mundo en mi mundo crepitan.



V.  EPÍLOGO-COLLAGE

Hay olas que por mucho que se repitan
por un camino de estrellas y arcanos,
en cuanto sus sollozos serán vanos,
el fin del mundo en mi mundo crepitan.

En niebla brusca no cupo salida
con la añoranza que creímos suerte,
y aguarda la casilla de la muerte,
leyenda de fe en la tumba del druida.

Acaba aquí el mundo, aquí acabo,
en ansia por asir lo que se escapa,
viaje iniciado en la niebla a trasmano.

Acaba aquí el viaje, aquí acabo,
aún ignorando, etapa tras etapa,
que lo mundano siempre fue mundano. 

Camino, por FRANCISCA OLMO COMINO.





   Mis zapatos polvorientos acariciaban la tierra roja del camino, pensando ¿adónde el camino ira?
Mis ojos habían soñado una y otra vez con el campo mudo y sombrío, donde el sol se duerme tras las colinas doradas.
Peregrina que va entonando al vuelo su canción.

“Tengo el corazón roto por culpa de la pasión de un noble caballero, herida que no sanara jamás. Anhelando tus brazos, cobijando mi cuerpo”.

   Perdida en el crepúsculo aprendí qué dirección tomar, aprendí que la soledad no es estar solo y que el amor se muere, como una flor marchita. Mis lágrimas enturbian el camino, entre castillos y príncipes árabes, montados sobre bellos corceles negros, voladores de una sombra clara.
A la hora de mi marcha dejo el camino sedienta de amor, pero volveré como pájaro, volando sin más pasión que la sustancia y sin más acción que la inocencia.

Desandar, por GLORIA ACOSTA.


Se había convertido en  coleccionista de años Santos.
    El salón de su amplio piso en la villa de Jovellanos, mostraba enmarcadas las tres Compostelas  que obtuviera  desde 1993 en el Camino Francés, Portugués y Camino del Norte.
  A Ernesto le gustaba reunir a sus pocos amigos las tardes de domingo para compartir unos vinos de Cangas, mientras salpicaba las  partidas de mus con peroratas arrogantes de repetidas anécdotas, evidenciando su maestría en el tema de los concheiros .
   Caminar en solitario siempre fue la constatación de que su resistencia física no menguaba con los años, llegando a devenir en la  mejor forma de desconectar de la presión de su trabajo como gerente de una de las mayores empresas de importación y exportación de pescado, en el puerto de El Musel. La reciente apertura a los mercados europeos  le obligaba a duplicar su dedicación, permitiéndose sólo cada cinco o seis años un mes de tránsito, recorriendo unos caminos en los que nunca encontró esa huella espiritual de la que hablaban las personas que abrazaban al Apóstol; se consideraba caminante pero no peregrino. Sin embargo le gustaba mantener la tradición de los símbolos, no faltando nunca la vieira en su sombrero y la calabaza en su bordón.
   Al acercarse el mes programado para cumplir su cuarta cita con Santiago, Ernesto sintió una inusual apatía, planteándose incluso zanjar el tema buscando otro destino, pero su orgullo terminó por imponerse. Preparó de forma mecánica todos los enseres, dispuesto a realizar un camino más tranquilo que los anteriores pero especialmente duro, el camino Primitivo.
    Días antes del viaje que lo dejaría en el punto de partida, a los pies de la catedral de Oviedo, en un rapto de excentricidad se le ocurrió una idea que rompería para siempre los cimientos de su vida: haría el camino a la inversa, desandando los pasos de Alfonso II. Partiría de la catedral de Santiago y gozaría la misa del Jubileo cómodamente sentado frente al televisor de su casa. Esta vez no le importaba demasiado renunciar al trofeo final con el que decorar su pared.
   Una semana después  salía de Santiago, con su carnet de credenciales impoluto.
   Las majestuosas torres de la Catedral contemplaban la orgullosa mirada de los romeros que llegaban a la plaza en pequeñas oleadas, bañados en sudor, con el cansancio tatuado en la piel y el brillo cristalino en los ojos llorosos, borrachos  de renovada energía.
  Inició así Ernesto un peregrinaje al revés, y desde el monte del Gozo dijo adiós a la ciudad leyendo a la inversa las señales que marcaban la ruta.
  Horas, días, semanas de pistas de hojarasca que enlazaban con pequeñas aldeas o con molestos  tramos de autopista; bosques de castaños y carballos que iban quedando atrás, dejando paso a eucaliptos y pinares; bellos paisajes de montaña, escarpadas pistas de tierra, lluvia, sol de mediodía, puertos de angustiosa subida o rompedora bajada, gente de ida cruzándose con él, de vuelta. Risas, llantos, miradas curiosas  observando su inusual marcha, colas en albergues, el frescor de las fuentes…las entrañas  del camino.
   Siguiendo un plan minuciosamente establecido, Ernesto marchaba a buen ritmo, notando apenas las  secuelas del cansancio. En las madrugadas, el silencio le permitía poner en orden ideas o futuros proyectos que se entremezclaban con molestos recuerdos. Trataba de apartar unos pensamientos que nunca antes le habían perturbado, mostrándole su imagen más turbia; su frialdad al llevar con mano férrea un próspero negocio en el que no tenía cabida quien no dejara la piel en él, sus continuas infidelidades que dieron al traste con una familia estable, una incesante codicia que no se aplacó hasta  conseguir su preciado puesto a base de traiciones y  mentiras… las revelaciones del camino.
  Con la caída de la tarde, buscaba el albergue señalado en el mapa para ducharse , sellar su carnet y tomar una cena frugal en alguna posada de los alrededores.  Dormía unas horas y al amanecer retomaba el sendero no sin antes despojarse de atavíos innecesarios.
   Los últimos kilómetros se fueron tornando difíciles y en ocasiones angustiosos. Por algún motivo que no alcanzaba a comprender, aumentaba progresivamente el peso en su espalda. En cada parada , a medida que se desprendía de sus estorbos, la envergadura de la mochila era mayor.
   La penosa  llegada desde Grado a Oviedo no le permitió disfrutar de sus hermosas casonas y palacios rurales, dejándolo sin fuerzas para encumbrar el camino ante las reliquias de San Salvador, incumpliendo una ancestral sentencia que acataban otros peregrinos y que lo envolvió en una premonitoria zozobra. Sólo deseaba llegar al confort del hogar, extenuado por una carga cada vez más insoportable...
                                                 
              Teresa llegó al barrio de Cimadevilla minutos antes del mediodía de aquel veinticinco de julio. No le importó trabajar en domingo dada la generosa paga  con la que don Ernesto la agasajaba en estas ocasiones especiales. Habían concertado fecha y hora, como era costumbre, para poner en orden la vivienda y lavar las prendas que vendrían llenas de polvo y barro. Abrió con su llave la puerta del inmueble y subió al segundo piso con la idea de dejarlo dispuesto para recibir a su patrón con una buena taza de café.
   Agudizó el oído pensando que habría dejado encendida la televisión en su última visita al domicilio, pero las botas sucias en medio del pasillo le anunciaron que esta vez él se había adelantado. Se acercó al salón y apenas atisbó su cabeza recostada en el Chesterfield de cuero negro.  Creyendo que dormía fue recogiendo en silencio y con presteza los residuos del periplo esparcidos por el suelo. Limpió la cartulina que asomaba  entre el desorden y que al desplegarse dejó a la vista una serie de sellos de diferentes colores con una fecha al pie. La curiosidad la llevó a preguntarse qué significado tendrían las palabras que ocupaban el lugar central en cada uno de ellos : Autoritario, Indolente, Ególatra, Cicatero, Desleal… y así hasta completar el documento.
    Al levantar la vista, Teresa descubrió aterrada, el rostro exánime de Esteban, la mirada vacía frente a la pantalla  del televisor.

    Comenzaba la misa de doce en la catedral de Santiago.

Frente a frente, por INMA J. FERRERO.


(El peregrinar de la vida)

Caminando despacio
frente
a
frente
al pensamiento
estoy, ¡Oh señor!,
y mi voz no te alcanza.
Estoy perdido.
Levanto mis manos.
Espero verte.
Y tus labios callan.
Tengo frío
en este silencio,
el miedo me sacude,
tiemblan mis ojos
y no respondes…
o no entiendo tus palabras.
¡Pobre de mi!
quiero escucharte,
y mis pasos sordos
enturbian mi alma.
Secas mis labios
tras de ti.
Árido es mi corazón.
Un erial … mi casa.
Y solo espero
hasta encontrarte.
Quizás hay esperanza.



El camino de las estrellas, por CARMEN HERNÁNDEZ MONTALBÁN.



Las estrellas alumbran los pasos
con su mapa celeste,
tiene el peregrino los ojos fijos 
en el firmamento,
y los pies enamorados del camino.

Los astros arden 
como millares de faros,
dejando un rastro lechoso
que surca la bóveda del cosmos.

La luz vence a la niebla,
iluminando el sendero oscuro
del espíritu,
agoniza en el mar la vía láctea,
y el sol es una vieira despuntando
en el espacio.

El camino, por DORI HERNÁNDEZ MONTALBÁN


Todo camino es tránsito.
La espera, tiempo detenido, 
barbecho, tregua, 
descanso, cauce
por donde vemos discurrir lo que fue, 
el fotograma del último trayecto.

Mientras se van enredando 
los sueños en las ramas
de los árboles, 
abriéndose camino en la espesura,
delante de nosotros.

De principio a fin,
todo camino es tránsito,
tiempo en el cómputo vital,
sigiloso instante antes del encuentro.

Anhelamos llegar, 
esquivamos peligros,
erráticos deambulamos serpeando,
derivamos inconscientes
a través de la mecánica costumbre
que supone el avanzar paso a paso.

Nómadas, aprendemos
a dejar de sentir vértigo,
el apátrida lo sabe mejor que nadie,
el camino sólo es tránsito.

Camino de santiago, por CUSTODIO TEJADA.



Peregrino, ¿adónde vas por esta senda?,
¿a quién buscas por este camino
alejado del mundanal ruido?
Peregrino, ¿cuáles son tus plegarias
y cuáles tus miedos más íntimos?
¡Dímelo, sin reparos, al oído!

“Vengo desde Roncesvalles
arrastrando mis pies como puedo
y estoy deseando llegar a Monte do Gozo
para ver a Compostela
y darle rienda suelta a mi espíritu.”

Peregrino, ¿qué pretendes encontrar
tan lejos de tu casa
y tan perdido,
 por estos santos lugares?,
¿por qué persigues quimeras
y admiras tanto la aventura de los mapas?
Peregrino, ¿cuándo dejarás de darle cuerda
al horizonte y cuándo alcanzarás
 la lejanía de los relojes?
Peregrino, ¿cómo es que vas tan pensativo
bajo estos cielos encapotados?
¡Buen Camino, peregrino!
Y en la Catedral de Santiago nos veremos,
Dios mediante, allá, donde la estrella brilla
y donde nos aguarda la indulgencia plenaria
y el cobijo del deber cumplido.


Preso del camino, por PEDRO CASAMAYOR RIVAS.



Quito el velo del hombre envejecido
y leo en sus estrofas
-con aroma de Ulises-
que  la morada vive en el sendero,
y no en las zapatillas de agrio paño 
que fingen cada noche rincones de calor.
Calla que la tristeza lo deshace
 en el cielo, en la tierra,
por todos los planetas del astral,
como una fuerza oscura
que no le deja ver
la carrera vagante de sus piernas.
Jaque mate,
 por todos los atajos
cocina cada noche su destierro
enloqueciendo aldeas, desabrigando mapas
en los que evita el humo de un hogar.
Este hombre encanecido
simplemente codicia
florecer con la escarcha
madurar como hierba
invisible a la vida
para ponerse a salvo de la felicidad.

El peregrino, por XISCA MINART


X


Se abre paso el peregrino
Conforme se acerca a Santiago
La mirada atenta al noroeste
Escudriñando el horizonte
Y las coordenadas celestes
Va y viene el empedrado camino
Su final está al principio
Pero él se adentra en el regreso
Con la visión de un nuevo ojo
Y la mochila vacía al hombro

La meta, por ISABEL REZMO.


Principio y fin de todo proceso. La sentencia no es el juez, la imposición es una escala que mata el ascenso. La perseverancia  es la meta indestructible de toda longitud.
Puertas abiertas. Cerrojos enterrados.
El peregrino es un cruce entre los albergues. La contemplación, la santidad es un bosque
para el caminante, y la meta la divina providencia.

En el camino, por JOSÉ MANUEL RAYA MEDINA.



Mirando para atrás, te veo
me estas pidiendo compañía
y viéndome, como me veo
te ofrecí miedo, mi miedo
miedo que permanece dentro todavía.

Mirando para atrás, te veo
prestándome el libro En el camino
¡leélo! y al poco 
me pediste lanzarnos Al Camino
hace ya 37 años, nada
un simple suspiro momentáneo.

Solo sé que, 
aun ando pensándolo,
cuando tú, ya sólo eres polvo de estrellas,
caminante de otro Camino,
animador de Ángeles y Demonios.

Mirando para atrás, me decías
no tengas miedo, vámonos!
Seremos amigos de todos,
pateadores de senderos,
amaremos y celebraremos cada estación
y reiremos, reiremos mucho
y beberemos cerveza rubia
y cumplirás los 18 en nuestro camino.

Mirando para atrás, te añoro
clown de los Cielos,
poeta de la cebada rubia,
escritor del café sólo,
admirador de literaturas, artes, músicas
y de las fiestas de los pueblos.

No sé subir por las nubes!
y abrazarte y decirte que voy contigo!,
aunque sea tarde,
que ¿dónde está ese Camino
del que me hablabas?,
Para saborearlo como tú, con tu sonrisa
con tu alegría eterna
con tu corazón grande.

Mirando para atrás, me veo cobarde,
siempre triste con los zapatos limpios,
y desde hace unos años,
cuando tú si te marchaste, veo   
que sólo te lloro cuando camino
y veo el polvo en mis zapatos,
que alimentan mis pies de barro.


Si, mi querido amigo. 

Vía Láctea, por PURA FERNÁNDEZ SEGURA.