La Oruga Azul.

La Oruga Azul.
La oruga se puso azul turquesa, porque presa de la luz de la poesía, reposa en las cuartillas de la mesa Impregnada de tinta y fantasía… (Antonio Peláez Torres),

sábado, 14 de mayo de 2016

Wadi Lakka, por GLORIA ACOSTA.



Última carga.
Último día.

El batir de los  cascos  levanta una nube de polvo que se pega a las gargantas. Sudor de  hombres y bestias tras días de lucha por una tierra fragmentada.                                                                          
Alá frente a Dios.
Nobles fieles a  Rodrigo o enemigos reclutados para empuñar la espada contra al bereber.. Musulmanes leales al lugarteniente de Musa ibn Nusair.
  Tariq aguarda a lomos del hermoso Al-Lakko. Elige un terreno favorable que contrarresta la inferioridad de su ejército. Espadas jinetas, mortíferas dagas, certeros arcos y expertos ballesteros, lanzas que la fuerza de un brazo clava en certera estocada. Banderas de media luna  bombeando sangre a las sienes en espera de ser entregada o aplacada.
   Rodrigo acaricia las crines negras de Orelia. Su cabeza coronada se yergue ante una caballería exhausta, que enarbola la enseña de la cruz dorada y llena el aire con arengas de valor.
Ya colocan cascos y yelmos sobre el almófar. Lanzas y adargas esperan  la orden del rey-caudillo, que ocupa el primer lugar en la columna central. En el ala derecha, Sisberto, y en la izquierda, Oppas, sorprenderán a Tariq por los flancos. Un ataque convergente con tres cuerpos sobre el grueso musulmán desde varios puntos independientes. La estrategia definida y la victoria segura. Pero una traición pactada se esconde y aguarda.
Ya galopan los cristianos, sorteando el pedregoso terreno.
Clamor de aceros. Espadas separando  cabezas de sus cuerpos. Ballestas horadando corazones y vientres. Brazos  mutilados al roce del alfanje. Cotas de malla escupiendo sangre, atrapando jirones de piel. Cráneos sin yelmo aplastados por las cabalgaduras, rostros con ojos desorbitados.
La tierra traga voces muertas que escapan por el hueco que deja la hoja toledana en la yugular.
Rodrigo  ve su victoria ondear en la loma, pero la sorpresa acelera la derrota. Los flancos de apoyo desaparecen para unirse a las tropas de Tariq. El rencor por  la legitimidad de un trono usurpado, había firmado tiempo atrás, un pacto de  traición desertora que asesta el golpe final a un reino visigodo, gastado y decadente.
 Una alfombra de cuerpos desmembrados tapiza el lugar con un hedor metálico. Cerca, junto al río, resopla asaetado un bello animal azabache con bridas de oro sin cabalgadura.
 Mientras, Tariq ibn Zivad galopa hacia las puertas de Al- Andalus.

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