La Oruga Azul.

La Oruga Azul.
La oruga se puso azul turquesa, porque presa de la luz de la poesía, reposa en las cuartillas de la mesa Impregnada de tinta y fantasía… (Antonio Peláez Torres),

lunes, 15 de mayo de 2017

El burro del tío Gaspar, por FRANCISCO MOLINA INFANTE.


Parecerá un chiste torpe: muy lejos de la realidad; pero fue cierto entonces en mi propia vecindad. El pobre Gaspar quería comprar en la feria un muleto, porque según se sentía era un filósofo prieto y con más firme osadía, que un tal Tales de Mileto, al que alguna noche leía después de algún que otro pensamiento. Aconteció un 13 de Agosto, de un año tan lejano, que ya ni se recordar. A la entrada de la feria del pueblo de Colmenar, se situó un buen hombre, por apellido Gaspar... Era un labriego pobre, pero con ganas de triunfar y tuvo la ida sublime de atar jamones colgando con cuerdas, de las vigas del pajar. En su mente calenturienta, no dejaba de cavilar: la forma de hacerse de cuartos, para hacer aquellas vigas temblar... Se armó de una idea firme, que matizó en real y no fue otra: que la de poner a su burro histórico, -al pelo de buen jumento-, como estampa del ferial. Se armó de grande hidalguía y hasta se llevó la silla de anea -aquella de su olivar- que con tanto sufrido empeño, se entretuvo en fabricar. Estuvo temprano en el sitio y con su ardíz de buen compadre, pintó un letrero descomunal: "CIEN DUROS APUESTO AL MOZO QUE HAGA AL BURRO REBUZNAR". A media mañana, ya perdía un capital... Estuvo ojeroso y triste, hasta las once -no más- y nuevamente, con gran valentía: se quiso recuperar de aquellas pérdidas imprevistas, que nunca pudo imaginar. Cambió el letrero entonces y no dejó de cavilar, ideándose otra forma, más difícil de alcanzar. Con un rotulador más grande, tachó lo de rebuznar y con más grueso calibre, fijó: DOCIENTOS DUROS ME APUESTO CON AQUÉL QUE HAGA REIR AL BURRO". Llegó Frasquito Sarmientos, con cara de desleal y después de pocas palabras; aceptó la apuesta tal. Se estrecharon hasta las manos, en prueba de conformidad y acercándose a la oreja del burro, muy quedo en su platicar, algo le dijo al oído, que el burro rió sin más; sorpresa se llevó el tal Gaspar viendo reír al burro -casi se echó a temblar, al ver su hacienda menguada-. Más al mismo Frasquito retó, aumentando la apuesta al doble: SI HACÍA AL BURRO LLORAR. Nuevamente se aceptaron, en apuesta tan cabal, y yéndose el tal Sarmiento a una esquina del soportal, llevo se al burro a la mira -para a nadie más soliviantar-; se desabrochó la bragueta, para dejar a ese burro admirar y, quedó tan perplejo el pobre, que se le puso a llorar.

¡Ay Gasparete pobre, iluso por creer en fáciles cuartos ganar, que fuiste por lana al torpe  y saliste trasquilado...!

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