La Oruga Azul.

La Oruga Azul.
La oruga se puso azul turquesa, porque presa de la luz de la poesía, reposa en las cuartillas de la mesa Impregnada de tinta y fantasía… (Antonio Peláez Torres),

jueves, 17 de mayo de 2018

REVISTA HEBRA

Lugar de Edición: Guadix
Editada por la Asociación Para la Promoción de la Cultura y el Arte "La oruga azul".
ISSN 2605-0854

Nº1


Nº 2

Nº 3

martes, 15 de mayo de 2018

HEBRA. Revista Literaria.Nº 3 mayo 2018


ISSN 2605-0854

SUMARIO

Jurado: 
José María Molas Tresserras (periodista)


Poesía












Relato









A LOLA, Jose Antonio Guzmán Pérez




Nunca supo el secreto… Por otra parte, para mi sentimiento, gota a gota de puro aljibe,  textura de eco guardado en el tiempo, donde sus entrañas engendran y expanden a la luz, un te quiero, tan profundo como real.
Como un delicado céfiro azul, entraste en mi claroscuro universo, bella reminiscencia,  juegos y risas en patio de gorriones y palmeras, instantes de mediodía,  de vivos colores en tu compañía,” niña de olor a naranja”.
Se impone el olvido a las raíces engendradas. Sigo sangrando intentando olvidar, otros campos yermos. En la oscuridad se forja mi luz y en silencio, mi tintero, caudal,  zaguán abierto, pañuelo que enjuga mis miedos, vives y olvidas.
Cuán acerada espina, es el beso de labios silenciados, ígnea alma, minarete de plata en noches sin nodriza, alas de espino elevan la febril quimera, de percibir el incienso carmesí de la primavera, en un corazón otoñal.
Segundos de arena se perpetúan en cuello de cristal, susurrando promesas rotas junto a la encalada celosía.
Hoy, encadenados a la realidad, solo somos huellas amparadas por el frescor de la piedra, añorado incunable donde el aedo amanecer, expresó odas a la atardecida malva.


EL VIEJO FÉLIX, por Tomás Sánchez Rubio




            Nunca supo el secreto. Desde que tenía uso de razón, Damián había visto siempre a su padre con una sonrisa en los labios y una mirada serena y limpia. Recordaba esa actitud como recordaba la inabarcable angustia que le causaban las continuas bombas que caían, junto con el día, caprichosamente a su alrededor, o bien la desaparición constante, ineludible, inmisericorde, de sus seres queridos. En medio de todo aquel horror que su familia y él, siendo aún un niño, conocieron, el viejo Félix, como ya entonces le llamaban amigos y vecinos a su padre, nunca pareció dar muestras de flaqueza, de miedo.  El resto de las víctimas se rompían y se desdibujaban por el dolor. Un dolor tan lacerante que les encogía el corazón y les hundía la cabeza entre los hombros; que les helaba los huesos y les vaciaba los ojos de humanidad. Aprendió Damián que el dolor extremo nos acobarda y nos llena de cal el alma. Ya no queda lugar para la rabia. Incluso el odio, tan fuerte en los comienzos, acaba desapareciendo como termina disipándose el humo de una hoguera cuando la noche lo hace confundirse con el infinito cielo azul cobalto.
            Sin embargo, la figura amable de su padre brillaba como rescoldo que se resistía a apagarse entre todo aquel océano de polvo y ceniza.
            A pesar de haberlo perdido todo -mejor dicho, casi todo, pues le quedaba el pequeño Damián-, el viejo Félix siempre tenía una palabra amable para los demás; hablaba como si hubiera de existir un mañana mejor, haciendo continuamente planes para el futuro.
            Muchos años después, muerto el viejo Félix por el agotamiento de un corazón que había sufrido, al fin y al cabo, tanto como el de todo su pueblo, Damián seguía sin adivinar el secreto del optimismo de su padre. Solo sabía que, sin quererlo, él mantenía esa despreocupada actitud delante de su propio hijo, Eliazar, la única persona que vivía y jugaba con él entre las ruinas de lo que algún día había sido su mundo, un mundo tranquilo y en paz.

NUNCA SUPO EL SECRETO, por Isabel Rezmo



Hablar entre la boca, intentando llegar
al espacio que se queda perenne
entre el diafragma, y el lado
del nenúfar.

Queda petrificado en los ojos que intentan
descifrar palmo a palmo, registrando
como un desertor, como un náufrago del apetito.

Nunca, intentó llevárselo al burdel, para no caer
en las caderas de una copa disfrazada de azul.

Los labios son un corrector,
la carga que va agitando el saludo  colándose
en todas las habitaciones de la casa,
en todos los establecimientos de ultramarinos presentes
en la calle.

Las aceras son un síncope,
una bajada al bocado del labio que dicta taquicardias 
e injerencias,
mientras el cielo no se da cuenta de los raíles 
que atraviesan los renglones.

Y el secreto dormita, se agita, se vierte, se desangra, se cuela en la celosía o en el foco
de la noche como un náufrago.

Hasta caer insensato por el poder que nunca tiene bastante,
ni  siquiera en los dientes, 
en el papel, en el aire, en el charco.

NUNCA SUPO EL SECRETO, por Custodio Tejada.




            I

Aquella primavera
se marchitó muy pronto
y el jardín quedó umbrío.
Nunca supo el secreto
que escondía la flor
en su silencio
hasta que abeja y miel
despertaron la luz
de un sueño largo.

            II
Abejas somos
de los instantes
que como flores
ceden el néctar
de su olor y su polen
a nuestra vida
tantas veces marchita.
Y mientras tanto,
el tiempo hace la miel
con los recuerdos
que, al fin y al cabo, son
la colmena del ser
que nos define.

DIVERGENTES, por Isabel Pérez Aranda.




Nunca supo el secreto, sus vidas transcurrieron en línea a sus estrictos deseos, amistades las justas y sin muchas concesiones, nunca demasiado tiempo en un lugar, siempre lejos de la familia, prácticamente sin relación. Viajaron cuanto pudieron, en una época en la que ser diferente conllevaba cierta discreción, aún así, desarrollaron un sexto sentido capaz de entrever en un solo gesto el rechazo, eso les hizo muy peculiares, o quizás ya lo eran; su exquisita forma de vestir, las veladas en los mejores restaurantes, donde alguna que otra vez compartían con devotos iguales, disfrutar de lo mejor era su apuesta de vida. Nunca supe su secreto, aunque a veces lo intuí, realmente no importaba, hubo pasión
y amor incondicional, deseos concretados y un lugar con vistas donde permanecer eternamente.